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16 de abril de 2020

San Agustín, sobre la recepción de la Eucaristía.

Ni alabo ni vitupero la recepción cotidiana de la Eucaristía. Pero aconsejo comulgar todos los domingos e incluso exhorto a hacerlo, con tal de que no haya en el alma algún afecto hacia el pecado. Pues si uno tiene voluntad de pecar, con la recepción de la Eucaristía se agrava más que se purifica. Así, aun cuando alguno sea mordido por el pecado, si no tiene ya voluntad de pecar, que antes de comulgar se arrepienta con lágrimas y plegarias, y lleno de confianza en la misericordia del Señor que perdona ordinariamente los pecados a los que hacen una piadosa confesión, podrá acercarse a la comunión sin temor, e incluso confiado. Al hablar así, me refiero a quien no tiene el alma cargada de pecados mortales y capitales, porque quien quizá esté oprimido por crímenes mortales cometidos después del Bautismo, debe comenzar a satisfacer a Dios con una penitencia pública, y no debe acercarse a la comunión sino después de haber sido reconciliado por la sentencia del sacerdote, si no quiere recibir la Eucaristía para su juicio y condenación. Pero si, después de haber cambiado antes su manera de vivir en el mundo, manifiesta tener celo por la religión y por la corrección de su vida, y la misericordia de Dios le mueve a un profundo e incluso a un perpetuo sentimiento de dolor hasta llegar a hacer actos contrarios a aquellos de que se arrepiente, entonces podrá acercarse a la Eucaristía todos los domingos hasta la muerte con oración y con humildad.

Fuente: https://www.augustinus.it/spagnolo/attribuiti_12/index2.htm

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