COMUNICADO DEL OBISPADO DE MÁLAGA A LAS DECLARACIONES DEL PREGONERO DE LAS GLORIAS DE MÁLAGA EN SU PREGÓN DEL 25 DE ABRIL DE 2014
Ante las manifestaciones vertidas por D. Pedro Moreno Brenes durante el pregón que pronunció a la Agrupación de Hermandades de las Glorias de Málaga en la tarde de ayer, este Obispado quiere puntualizar:
1. Su rechazo total a todas y cada una de las afirmaciones expresadas por D. Pedro Moreno Brenes que contradicen de plano la doctrina y el magisterio de la Iglesia Católica.
2. Lamentamos que en un pregón que debe exaltar, en este caso, las Glorias de Málaga, se expresen opiniones personales que contradicen la moral de la Iglesia Católica.
3. Por último, exhortamos a todos los fieles católicos y cofrades de Málaga a una profunda reflexión ante estos hechos tan lamentables que, sin duda, conducen a una confusión entre los fieles, escándalo para otros muchos y dolor para todos.
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Mi blog de cosas interesantes para aportar a un mundo que camina por direcciones equivocadas.
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27 de abril de 2014
18 de abril de 2014
MISA CRISMAL (Catedral-Málaga, 16 abril 2014)
MISA CRISMAL
(Catedral-Málaga, 16 abril 2014)
Lecturas: Is 61,1-3.6-9; Sal 88; Ap 1,5-8; Lc 4,16-21)
Fecundidad espiritual del sacerdote
1. Hoy somos congregados en esta Misa Crismal por el Señor, quien, en actitud de amor y de benevolencia, nos anima a revisar nuestra misión eclesial y evangelizadora; él quiere que renovemos el carisma que se nos concedió mediante la imposición de manos (cf. 1 Tm 4, 14). En esta celebración renovaréis, queridos presbíteros y diáconos, las promesas de la ordenación. Hemos de estar agradecidos a Dios, que nos ha llamado para cuidar de su grey, en nombre del Buen Pastor. El Señor nos convoca hoy a sus sacerdotes, a quienes eligió para que lo representáramos ante el pueblo cristiano, siendo instrumentos vivos de Cristo sacerdote, como dijo Juan Pablo II (cf. Pastores dabo vobis, 20). La consagración sacerdotal nos configura a Jesucristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia; nos configura con su misión; y esto debe conformar nuestra vida entera, en todas sus dimensiones, llamada a testimoniar el radicalismo evangélico.
2. Hemos escuchado en el Evangelio de Lucas el pasaje que tuvo lugar en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4, 18). Muchos de nosotros hemos visitado aquella sinagoga en ruinas; allí resuenan aún estas palabras del Maestro, que nos animan a asumir los duros trabajos de la evangelización, como nos exhorta san Pablo: «Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1, 8). Deseo expresaros mi agradecimiento por vuestra entrega diaria, por vuestra paciencia, por vuestra comprensión, queridos presbíteros y diáconos; por el gozo con el que ofrecéis vuestro tiempo y vuestras energías; por vuestro amor a la Iglesia.
El anuncio de la buena nueva es la tarea que se nos confía: “Los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia” (Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 15). Aunque a veces lo olvidamos, sabemos que es el Espíritu quien dirige la Iglesia. Nosotros somos instrumentos, mediante los cuales él actúa. Por eso es necesario afinar nuestra alma, para que esté en sintonía con el Espíritu de Jesús; sintonía entre su Espíritu y nuestro espíritu.
3. El contenido del anuncio evangélico es siempre el mismo: Dios manifestó a los hombres su amor infinito en Cristo Jesús, muerto y resucitado. Cristo es «el mismo ayer y hoy y siempre» (Hb 13,8); y es fuente de riqueza inagotable; es manantial de vida. El anuncio renovado del Evangelio, que nos pide la Iglesia en esta época, es fuente de alegría y de fecundidad espiritual. El papa Francisco nos recuerda en su exhortación Evangelii gaudium que Jesucristo “siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece.
Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos, en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina. Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre «nueva»” (N. 11).
4. Os invito, queridos presbíteros y diáconos, a esta renovación y novedad, que nos brinda el Evangelio y a la que nos exhorta el Papa. La fecundidad espiritual del sacerdote arranca de la novedad evangélica y de la frescura del manantial de agua viva, que es Jesucristo, como le dijo a la samaritana: «El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4, 14). Nuestros fieles tienen derecho a beber del manantial de Cristo; no debemos ofrecerles aguas contaminadas por ideologías o por nuestros esquemas propios.
El papa Francisco nos advierte de la sed de Dios de la gente y del reto que supone para nosotros: “Más que el ateísmo, hoy se nos plantea el desafío de responder adecuadamente a la sed de Dios de mucha gente, para que no busquen apagarla en propuestas alienantes o en un Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro. Si no encuentran en la Iglesia una espiritualidad que los sane, los libere, los llene de vida y de paz al mismo tiempo que los convoque a la comunión solidaria y a la fecundidad misionera, terminarán engañados por propuestas que no humanizan ni dan gloria a Dios” (Evangelii gaudium, 89).
5. Hemos de ser conscientes de que nos encontramos ante un cambio de época; y no solo ante una etapa nueva. Las coordenadas de nuestra sociedad han cambiado; y lo que se vislumbraba hace alguna década, ya está implantado en la cultura actual. Me refiero a la separación entre fe y vida, la secularización que reduce la fe al ámbito de lo privado (cf. Evangelii gaudium, 64), el subjetivismo (cf. Ibid., 62), la negación de valores objetivos y perennes, la pretendida autonomía del hombre frente a Dios (cf. Ibid., 89).
En estas circunstancias el ejercicio de nuestro ministerio encuentra muchas dificultades; todos somos conscientes de ello. El terreno no está abonado para recibir la semilla del Evangelio; más bien hay sembrada mucha cizaña en medio del trigo (cf. Mt 13, 24-30). Se ha hablado muchas veces del “desencanto” de los sacerdotes; pero no podemos pasar la vida quejándonos de los problemas. El Señor “nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría” (Evangelii gaudium, 3).
6. El papa Francisco describe bien estas dificultades y nos anima, en medio de aparentes fracasos, a tener la certeza de que “quien se ofrece y se entrega a Dios por amor seguramente será fecundo (cf. Jn 15,5). Tal fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada” (Evangelii gaudium, 279). A todos nos gusta ver resultados y los frutos de nuestro esfuerzo y de nuestro ministerio; pero eso no suele concederse a quien siembra y riega, sino al que viene detrás recogiendo.
La fecundidad espiritual en nuestra tarea ministerial, queridos presbíteros y diáconos, radica en nuestra inserción en el misterio pascual del Señor, que estamos celebrando; en nuestra identificación con Cristo-Sacerdote; en nuestra asimilación de las actitudes y sentimientos de Cristo (cf. Flp 2, 5)); en la sintonía personal y en la intimidad con el Señor. A veces nos quejamos de los proyectos y planes pastorales; pero hemos de tener la suficiente humildad para acoger lo que se propone para el bien de todos. Necesitamos tener paciencia y vivir de esperanza, sumergidos en el misterio de Dios y trabajando con docilidad al Espíritu.
7. La Virgen María, Madre de Cristo Sacerdote y Estrella de la nueva Evangelización, supo cuidar de su Hijo y serle fiel desde la Encarnación hasta su muerte en la cruz. Le pedimos que Ella nos acompañe en esta nueva época, plagada de tantas dificultades, pero llena, al mismo tiempo, de tantos retos que estimulan nuestra caridad pastoral, nuestro ministerio sacerdotal. Con la gracia del Espíritu podemos convertir los obstáculos en oportunidades para evangelizar, para testimoniar la fe, para iluminar el mundo.
Suplicamos a la Virgen que nos acompañe en los momentos de desaliento y fatiga, para renovar nuestras fuerzas y volver a trabajar con ilusión en la viña del Señor. ¡Santa María de la Victoria, Patrona de nuestra Diócesis, ruega por nosotros! Amén.
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25 de diciembre de 2013
16 de septiembre de 2012
HOMILIA DEL OBISPO EN LA EUCARISTIA DEL DIA DE SANTA MARIA DE LA VICTORIA PATRONA DE MALAGA
SANTA MARÍA DE LA VICTORIA
PATRONA DE LA DIÓCESIS DE MÁLAGA
(Catedral-Málaga, 8 septiembre 2012)
Lecturas: Miq5, 1-4; Sal 12; Rm 8, 28-30; Lc11, 27-28.
La Virgen María, fiel oyente de la Palabra
1. La fiesta de nuestra Patrona, Santa María de la Victoria, tiene lugar al inicio del curso pastoral, como un arco de entrada ante la tarea que nos espera. La Virgen nos acoge maternalmente y nos da ánimos para proseguir la misión, que a cada uno le encomienda el Señor.
En el presente curso celebramos varios acontecimientos eclesiales, a los que el Santo Padre, el papa Benedicto XVI, nos convoca. Estamos a las puertas del Año de la fe, que conmemora el 50 aniversario del inicio del Concilio Ecuménico Vaticano II y el 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, fruto fecundo del Concilio, cuya lectura tranquila y serena os recomiendo. También celebramos la declaración de san Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia, en reconocimiento a su insigne doctrina, sobre todo respecto al sacerdocio.
La celebración del Año de la fe es un hermoso regalo y una gran oportunidad para todos nosotros, porque la fe en Jesucristo es el bien más precioso de la Iglesia y de cada uno de sus miembros. La Iglesia existe por la fe y vive para transmitirla, para evangelizar, anunciando a Jesucristo como Señor, Redentor y único Salvador de los hombres (cf. Evangelii nuntiandi, 21).
El Santo Padre ha convocado también la décimo tercera Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma del 7 al 28 de octubre de 2012, sobre el tema: «Nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana». Como afirma el Papa, la celebración del Sínodo será una buena ocasión para introducir a todos los miembros de la Iglesia “en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe” (Porta fidei, 4).
Pedimos a Santa María de la Victoria que nos ayude a comenzar este curso pastoral con ánimo confiado y esperanzado.
2. El evangelio de hoy nos presenta una simpática escena, en la que una mujer del pueblo se dirige a Jesús para alabar a su Madre María. Dice el texto, que hemos escuchado: «Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron» (Lc 11, 27). Probablemente si lo hubiera dicho una malagueña, hubiera utilizado otras palabras más expresivas.
Ya conocemos la respuesta de Jesús: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11, 28). Con ello no menosprecia la alabanza de la mujer hacia su santísima Madre; sino que pone en el centro de la atención el verdadero motivo de la alabanza: la Madre es bienaventurada por su maternidad; pero aún lo es mucho más por ser discípula fiel, que escucha la Palabra de Dios.
Jesús reafirma la importancia y la dicha de ser discípulo y la aplica a la Virgen, su Madre. Como ha afirmado San Agustín: “Ciertamente, cumplió Santa María con toda perfección la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo; es más dichosa por ser discípula de Cristo, que por ser madre de Cristo” (San Agustín, Sermón 25,7: PL 46, 937). Palabras profundas, cuyo significado pleno quizás no llegamos a alcanzar. El relato evangélico nos invita a acoger la Palabra de Dios como María, cuya grandeza le viene precisamente de la escucha atenta y de la acogida fiel de esa Palabra.
En el presente curso pastoral asumiremos como segunda prioridad, además de la celebración del Año de la Fe, “potenciar el conocimiento de la Palabra de Dios y la lectura orante de la misma”. Hemos de ser fieles oyentes de la Palabra, como la Virgen María.
3. La actitud de fe de la Virgen, que acoge la Palabra divina, le lleva por un camino de fecundidad espiritual, como nos recuerda el papa Benedicto XVI: “Por la fe, María acogió la palabra del ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4)” (Benedicto XVI, Porta fidei, 13).
4. El creyente, todo cristiano, busca la sabiduría de Dios y desea penetrar los secretos de la vida, encontrar el sentido trascendente de las cosas y descubrir que todo lo que viene de Dios sirve para el bien, pues es expresión de su amor, como dice san Pablo a los Romanos: «Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien (Rm8, 28). Todo sirve para el bien, incluso lo que nos parece mal, como la enfermedad y la misma muerte.
Alegre por esta profunda experiencia prorrumpe en una alabanza a Dios, su creador y salvador: «El Señor me concedió lo que pedían mis labios, con mi lengua le daré gracias» (Eclo 51,22). Demos gracias a Dios en todas las circunstancias de nuestra vida; no solo cuando nos va bien, según nuestros criterios o se realiza lo que deseamos, sino cuando parece que sean adversas las cosas.
La Virgen, Santa María de la Victoria, ha buscado la sabiduría de Dios y la ha encontrado en la escucha atenta y fiel. Ha hecho de ella el tesoro más precioso de su vida. La contemplación y la penetración de las cosas de Dios le han hecho percibir la vida de una manera distinta a los hombres y mujeres de su tiempo.
María meditaba y «conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón» (Lc 2, 51). Meditar la palabra de Dios nos enriquece, y contemplar los misterios divinos nos ayuda a penetrar en su conocimiento. La Virgen María meditaba la Palabra de Dios en su corazón y contemplaba, agradecida, las maravillas que Dios obraba en su vida. Esta actitud orante de la Virgen la hizo capaz de cambiar sus propios planes, para aceptar de buen grado la voluntad de Dios: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), le respondió al ángel.
Queridos hermanos, queridos malagueños y queridos devotos de Santa María de la Victoria, ¿seremos capaces nosotros de escuchar la Palabra, que Dios nos dirige, y de cambiar los planes, que nos hemos forjado para nuestra vida? ¿O tal vez la Palabra divina resbala sobre nuestra voluntad, que ya ha tomado sus decisiones irrevocables? A veces nos quejamos de que los que nos sucede en la vida no es lo que habíamos deseado; otras veces vivimos la contradicción de que rezamos en el Padrenuestro que se haga la voluntad de Dios, pero, en el fondo, estamos pidiendo que se haga la nuestra. María, hoy en su fiesta, nos anima a revisar esa actitud de fe.
A fuer de oírlo muchas veces pensamos que le resultó fácil a la Virgen María aceptar los planes de Dios, tan sorprendentes y exigentes a la vez. María escuchaba con reverencia filial la Palabra de Dios, meditándola en su corazón. Ella nos invita a escuchar con obediencia fiel y a cumplir con docilidad lo que Dios nos dice. Pidamos a Santa María de la Victoria que nos ayude a acoger, con amor y gozo, la Palabra divina y a estar dispuestos a cambiar en nuestra vida lo que la voluntad del Señor nos exija.
5. Este Año de la Fe, al que nos convoca el papa Benedicto XVI, es una ocasión propicia para revisar y profundizar nuestra relación con Dios, para purificarla y potenciarla, para vivirla al estilo de Santa María de la Victoria, nuestra Patrona. La fe, hermanos, no es una simple aceptación intelectual de unas verdades reveladas, sino una adhesión de corazón, una adhesión personal a Dios; adhesión libre, pues nadie puede obligar a otro a creer, como tampoco se puede obligar a otro a amar. La Virgen quedó plena y totalmente prendida del amor de Dios. ¡Ojalá quedemos también nosotros prendados de este amor!
La imagen de «la puerta de la fe» es muy sugestiva. El libro de los Hechos narra que Pablo y Bernabé contaban a los hermanos todo cuanto Dios había hecho y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe (cf. Hch 14, 27). Esta puerta “introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida” (Benedicto XVI, Porta fidei, 1).
La fe se vive como experiencia de amor, como dice el Papa: “La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor, que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan, para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos” (Benedicto XVI, Porta fidei, 7).
6. En esta fiesta de Santa María de la Victoria unimos nuestras voces agradecidas, junto a las voces de nuestros antepasados, para dar gracias a Dios y proclamar dichosa a María por haber sabido escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica (cf. Lc 11, 28).
Recogemos la antorcha encendida de tantas generaciones de malagueños, que han proclamado a Santa María de la Victoria como Patrona y damos gracias a Dios por las maravillas, que ha obrado en María, haciendo fecunda la acogida de la Palabra en cada uno de nosotros.El Señor nos invita hoy a escuchar su Palabra y a aceptar su voluntad con prontitud y generosidad, como María.
¡Queridos cofrades, devotos de Santa María y fieles todos, renovad vuestra fe en Dios! ¡Abrid vuestro corazón a su Palabra, que ilumina, penetra como espada de doble filo (cf. Hb 4, 12) y salva, sana por dentro! ¡Vivid acogiendo la voluntad de Dios en vuestra vida, aunque rompa vuestros esquemas y desbarate vuestros planes! ¡No tengáis miedo!
Pedimos la intercesión de Santa María de la Victoria, para saber escuchar la Palabra de Dios y aceptar la voluntad divina, como lo hizo Ella. Junto a María, fiel oyente de la Palabra, acojamos a Cristo, Palabra eterna, para que nos ilumine con su luz y nos transforme con su presencia amorosa. Amén.
18 de diciembre de 2011
La Navidad nos invita a acoger la Palabra JESÚS CATALÁ, Obispo de la Diocesis de Málaga
Los hombres pronuncian muchas palabras: Unas son verdaderas; otras falsas; otras ambiguas o con dobles intenciones. Las personas tienen dificultad en entenderse, porque cada cual va buscando su propio interés, aunque los demás queden perjudicados. El subjetivismo reinante pretende que la verdad de las cosas dependa de cada persona; todos desean que sus palabras y sus opiniones sean las verdaderas.
En medio de este caos de palabras, hay una sola Palabra, el Verbo de Dios, capaz de poner luz en medio de las tinieblas. Jesús de Nazaret es la Palabra de vida, de amor, de misericordia, de luz; es la Palabra definitiva de Dios; Jesucristo es el Verbo de Dios Padre.
La Navidad nos invita a acoger esta Palabra de Amor, que el Padre nos ha enviado. El Verbo eterno ha tomado forma humana, encarnándose en el tiempo y entrando en la historia. Jesucristo ha querido hacerse hombre y habitar entre los hombres, compartiendo su divinidad con nosotros.
En este tiempo navideño no podemos olvidar a tanta gente que sufre, que pasa necesidad, a causa de los efectos negativos de la crisis económica, que sigue golpeando a muchas personas. Jesucristo, con su ejemplo, nos invita a compartir generosamente con los más necesitados los bienes que su providencia nos regala cada día. Agradezco la colaboración de tantos cristianos, de instituciones y de personas de buena voluntad, que comparten con alegría sus bienes.
¡Que las Fiestas Navideñas sean una ocasión propicia para saborear el amor paternal de Dios y compartirlo con los hermanos, los hombres! ¡Feliz Navidad a todos!
+ Jesús, Obispo de Málaga
En medio de este caos de palabras, hay una sola Palabra, el Verbo de Dios, capaz de poner luz en medio de las tinieblas. Jesús de Nazaret es la Palabra de vida, de amor, de misericordia, de luz; es la Palabra definitiva de Dios; Jesucristo es el Verbo de Dios Padre.
La Navidad nos invita a acoger esta Palabra de Amor, que el Padre nos ha enviado. El Verbo eterno ha tomado forma humana, encarnándose en el tiempo y entrando en la historia. Jesucristo ha querido hacerse hombre y habitar entre los hombres, compartiendo su divinidad con nosotros.
En este tiempo navideño no podemos olvidar a tanta gente que sufre, que pasa necesidad, a causa de los efectos negativos de la crisis económica, que sigue golpeando a muchas personas. Jesucristo, con su ejemplo, nos invita a compartir generosamente con los más necesitados los bienes que su providencia nos regala cada día. Agradezco la colaboración de tantos cristianos, de instituciones y de personas de buena voluntad, que comparten con alegría sus bienes.
¡Que las Fiestas Navideñas sean una ocasión propicia para saborear el amor paternal de Dios y compartirlo con los hermanos, los hombres! ¡Feliz Navidad a todos!
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