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5 de mayo de 2013

¿Que es la LECTIO DIVINA?

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La lectio divina "es un método para acercarse a las Sagradas Escrituras con fruto y en la fe" (VD 87)

Yo reconozco que hasta este año, no he descubierto lo que era la lectio divina, y cuando he escuchado a alguien referirse a estas dos palabras, no me ha causado especial impacto. Tal vez sea porque gracias a Dios, nosotros hace años que venimos practicando ya un método para acercarnos a la Palabra de Dios, y que ahora descubro que no era muy diferente de la lectio divina, lo cual me congratula, y me hace comprobar una vez más que el Espíritu Santo está presente, y que Dios asiste personalmente, y especialmente ayuda a todo aquel que le busca.

Benedicto XVI indicaba en la exhortación apostólica Verbum Domini:

Quisiera recordar aquí brevemente cuáles son los pasos fundamentales: se comienza con la lectura (lectio) del texto, que suscita la cuestión sobre el conocimiento de su contenido auténtico: ¿Qué dice el texto bíblico en sí mismo? Sin este momento, se corre el riesgo de que el texto se convierta sólo en un pretexto para no salir nunca de nuestros pensamientos. Sigue después la meditación (meditatio) en la que la cuestión es: ¿Qué nos dice el texto bíblico a nosotros? Aquí, cada uno personalmente, pero también comunitariamente, debe dejarse interpelar y examinar, pues no se trata ya de considerar palabras pronunciadas en el pasado, sino en el presente. Se llega sucesivamente al momento de la oración (oratio), que supone la pregunta: ¿Qué decimos nosotros al Señor como respuesta a su Palabra? La oración como petición, intercesión, agradecimiento y alabanza, es el primer modo con el que la Palabra nos cambia. Por último, la lectio divina concluye con la contemplación (contemplatio), durante la cual aceptamos como don de Dios su propia mirada al juzgar la realidad, y nos preguntamos: ¿Qué conversión de la mente, del corazón y de la vida nos pide el Señor? San Pablo, en la Carta a los Romanos, dice: «No os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto» (12,2).


 En efecto, la contemplación tiende a crear en nosotros una visión sapiencial, según Dios, de la realidad y a formar en nosotros «la mente de Cristo» (1 Co 2,16). La Palabra de Dios se presenta aquí como criterio de discernimiento, «es viva y eficaz, más tajante que la espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. Juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12). Conviene recordar, además, que la lectio divina no termina su proceso hasta que no se llega a la acción (actio), que mueve la vida del creyente a convertirse en don para los demás por la caridad.

3 de mayo de 2013

ZAQUEO EN SAN PABLO

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Ayer asistimos a la 3ª de una serie de 4 reuniones de cofrades en la cita con la "Lectio Divina", un rato de oración en común a la luz de la Palabra de Dios. Al finalizar la oración, el Párroco D. Manuel afirmó sentirse muy contento por la asistencia y la participación que está teniendo esta cita. Quiero aprovechar para recordar que el cofrade verdadero, es cristiano, y que tiene la misma dignidad que cualquier otro cristiano no cofrade. Es más, me estoy quedando francamente sorprendido, yo, que he visto ya algunas cosas a lo largo de los años, de la madurez y el sentido cristiano de algunos cofrades. Es una pena, que a algunos hoy sólo vean en el cofrade a alguien que "pasea santos". Esto me recuerda mucho a la lectura del Evangelio sobre el que oramos ayer, cuyo protagonista es Zaqueo, un hombre muy rico, pero de baja estatura, al que "los más grandes" no le dejaban ver el paso del Señor, pero que el, deseoso de conocer quien era ese Jesús, se las compuso para hacerse encontrar por El, ante las murmuraciones no de unos pocos, sino de "todos", como dice la misma Escritura. Inmediatamente después la Palabra del Evangelio nos muestra dos signos de conversión a Dios. Uno, la alegría que nadie le puede robar, ni siquiera sus detractores y críticos. Alegría de haber conocido a Jesús. Como tuve la oportunidad de compartir ayer en San Pablo, una alegría que se produce en mitad de este mundo, lleno de tristezas, de malas noticias, de situaciones negativas, guerras, hambres, muchos pecados monstruosos. El descubrimiento de Jesús, hace que todo eso quede por debajo, hasta el punto que a Zaqueo ya todo le da igual. Quiero decir, que no deja que eso le supere, porque por encima está Cristo. Como signo activo de conversión, se dedica a dar a los pobres, y a restituir todo lo que había robado. No se, me acabo de acordar de los bancos.


Como dije ayer, y ahora repito: "No os dejéis robar la alegría de ser cristianos, y adelante, a sembrar en el mundo el Reino de Dios".