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24 de febrero de 2019

La Didaché o Doctrina de los Doce Apóstoles

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La Didaché, una obra escrita en los albores del cristianismo (san Juan Pablo II*)

A continuación copio aquí el texto de uno de los primeros documentos escritos del cristianismo, llamado "La Didaché". Algunos de los últimos papas han hecho referencia a el.


La Doctrina de los 12 Apóstoles

1. Los dos caminos
1 Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos.
El camino de la vida
2 El camino de la vida es este: «Ama en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas a otro.»
La perfección evangélica
3 Esta es la enseñanza de este discurso: «Bendigan a los que los maldicen y rueguen por sus enemigos, y ayunen por los que los persiguen. Porque ¿qué méritos hay en que amen a los que los aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Ustedes amen a los que los odian, y no tengan enemigo.»
4 Apártate de los deseos carnales.
Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele la izquierda , y serás perfecto. Si alguien te fuerza a ir con él durante una milla, acompáñale dos. Si alguien te quita el manto, dale también la túnica. Si alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames, pues tampoco puedes.
La limosna
5 A todo el que te pida, dale y no le reclames nada , pues el Padre quiere que se dé a todos de sus propios dones. Bienaventurado el que da conforme a este mandamiento; pues este es inocente. ¡Ay del que recibe! Si recibe porque tiene necesidad, será inocente; pero si recibe sin tener necesidad, tendrá que dar cuenta de por qué recibió y para qué: puesto en prisión, será examinado sobre lo que hizo, y no saldrá hasta que no devuelva el último centavo .
6 También está dicho acerca de esto: «¡Que tu limosna sude en tus manos hasta que sepas a quién la das!»
2. El segundo mandamiento
He aquí el segundo mandamiento de la doctrina:
2 No mates, no adulteres, no corrompas a los menores, no forniques, no robes, no practiques la magia o la hechicería, no mates al hijo por aborto, ni quites la vida al recién nacido.
3 No codicies los bienes del prójimo, no perjures, no des falso testimonio. No calumnies ni guardes rencor.
4 No seas doble de mente o de lengua, pues el doblez es lazo de muerte.
5 Tu palabra no será mentirosa ni vana, sino que la cumplirás por la obra.
6 No seas avaro, ni ladrón, ni hipócrita, ni malvado, ni soberbio. No trames planes malvados contra su prójimo.
7 No odies a nadie, sino que a unos los convencerás, por otros rogarás, a otros los amarás más que a tu propia alma.
3.  Apártate del mal
Hijo mío, huye de todo lo que es malo y de todo lo que se le parezca.
2 No te dejes arrastrar por la ira, pues la ira lleva al asesinato; no tengas celos, ni seas pendenciero, ni irascible; pues de todas estas pasiones se engendran los asesinatos.
3 Hijo mío, no te dejes inducir por los deseos carnales, pues la carne lleva a la fornicación; no seas un hablador sucio, ni de mirar provocativo, pues de todas estas cosas nacen los adulterios.
4 Hijo mío, no consultes a los agoreros pues eso lleva a la idolatría; ni hechiceros ni astrólogo, ni ocultista, ni quieras contemplar tales cosas. De todas ellas se engendra la idolatría.
5 Hijo mío, no te hagas mentiroso; pues la mentira lleva al hurto; ni codicioso de dinero ni de vanagloria; de todas estas cosas se originan los hurtos.
6 Hijo mío, no te hagas murmurador, pues eso lleva a la blasfemia, ni egoísta ni mal intencionado; porque de todas estas cosas se engendran blasfemias.
Haz el bien
7 Hazte, por el contrario, manso, porque los mansos heredarán la tierra,
8 hazte paciente, y compasivo, y sencillo, y pacífico, y bueno, y temeroso en todo momento de las palabras que has oído.
9 No se junte tu alma con los soberbios, sino que andarás con los justos y humildes.
10 Los sucesos que te sobrevengan los aceptarás como bienes, sabiendo que no sucede nada sino por disposición de Dios.
4.  Deberes para con la comunidad cristiana Hijo mío, de aquel que te explica la Palabra de Dios te acordarás de día y de noche, y lo honrarás como al Señor. Porque donde se anuncia la majestad del Señor, allí está el Señor.
2 Buscarás cada día los rostros de los santos, para hallar descanso en sus palabras.
3 No provocarás facciones, sino que pondrás paz entre los que pelean. Juzgarás rectamente, y no harás distinción de personas para reprender las faltas.
4 No andarás indeciso pensando si resultará o no.
5 No seas de los que extienden la mano para recibir, pero la retiran para dar.
6 Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como rescate de tus pecados.
7 No vaciles en dar, ni murmures mientras das, pues has de saber quién es el que recompensa tu limosna.
8 No rechazarás al indigente, de todo lo tuyo harás partícipe a tu hermano, sin decir que nada es tuyo propio; porque si en lo eterno son copartícipes, ¿cuánto más en lo temporal?
Deberes para con la familia
9 No retirarás tu mano de tu hijo ni de tu hija, sino que desde su infancia les enseñarás el temor de Dios.
10 No mandarás con aspereza a tu esclavo o a tu esclava que esperan en el mismo Dios que tú, no sea que dejen de temer a Dios que está sobre unos y otros; pues él no vendrá a escoger personas por su apariencia, sino a llamar a cuantos el Espíritu haya preparado.
11 Ustedes, los esclavos, sométanse a sus señores como a imagen de Dios con reverencia y temor.
Deber del cristiano
12 Aborrecerás toda hipocresía y cuanto desagrada al Señor.
13 No abandones los mandamientos de Dios, sino que cumplirás cuanto has recibido, sin añadir ni quitar un punto.
Confesión de los pecados
14 En las reuniones confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con mala conciencia. Este es el camino de la vida.
5.  El camino de muerte
El camino de la muerte es este: ante todo, es malo y lleno de maldición: homicidios, adulterios, concupiscencias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, envenenamientos, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, dobleces, fraudes, soberbia, maldad, egoísmo, codicia, deshonestidad en el hablar, celos, descaro, altanería, jactancia.
Quiénes lo siguen
2 Perseguidores de los buenos, aborrecedores de la verdad, amadores de la mentira, desconocedores de los castigos de la justicia, sin afecto por lo bueno y lo justo, despiertos no para el bien sino para el mal; alejados de toda mansedumbre y paciencia, amantes de la vanidad, buscadores de recompensas, que no se compadecen de los pobres, no se ocupan de los afligidos, no reconocen a su creador, asesinos de sus hijos, corruptores de la obra de Dios por el aborto, ellos rechazan a los indigentes, y los oprimen más en su aflicción, patrocinadores de los ricos, jueces injustos de los pobres errando en todas las cosas. Hijos, ¡aléjense de tales personas!
6.  Preceptos y consejos
Cuida de que nadie te aparte de este camino de la doctrina, porque te enseña en contra de Dios.
2 Si puedes llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto. Pero si no lo puedes llevar todo, haz lo que puedas.
3 En cuanto a la comida, lleva la que puedas; pero de lo sacrificado a los ídolos, guárdate mucho; pues es una adoración a dioses muertos.
7.  El bautismo
En lo que se refiere al bautismo, bauticen de este modo: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y el Espíritu Santo, en agua viva.
2 Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua. Si no puedes con agua fría, hazlo con caliente.
3 Si no tienes ni una ni otra, derrama agua tres veces sobre la cabeza, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
4 Antes del bautismo, el bautizado y el que bautiza deben ayunar previamente, y todos los que puedan. Pero al bautizando le ordenarás que ayune uno o dos días antes.
8.  El ayuno
No ayunen juntamente con los hipócritas, que ayunan el segundo y el quinto día de la semana. Ayunen el día cuarto y el de la preparación que es el sexto.
La oración
2 Tampoco ores como los hipócritas, sino, como lo mandó el Señor en el Evangelio, oren así:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan cotidiano; perdónanos nuestra deuda como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores, no nos induzcas en tentación, sino líbranos del maligno, porque tuyo es el poder y la gloria por todos los siglos.
3 Ora así tres veces al día.
9.  La acción de gracias
Acerca de la acción de gracias, da gracias de esta manera:
2 Primero sobre la copa:
Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer a nosotros por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.
3 Y después del partimiento (del pan)
Te damos gracias, ¡Padre nuestro!, por la vida y el conocimiento que nos diste a conocer por medio de Jesús tu siervo. ¡A ti la gloria por los siglos!
4 De la misma manera que este pan, que partimos, estaba disperso sobre los montes, y reunido se hizo uno, así sea reunida tu iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, por los siglos.
5 Que nadie coma ni beba de esta acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues sobre esto dijo el Señor: No den lo santo a los perros.
10. Después de saciarse, den gracias así:
2 Te damos gracias, ¡Padre santo!, por tu santo nombre que hiciste morar en nuestro corazón, y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.
3 Tú, ¡Señor todopoderoso!, creaste todas las cosas por causa de tu nombre, y diste a los hombres alimento y bebida para su disfrute, para que te dieran gracias. Mas a nosotros nos hiciste el don de un alimento y una bebida espiritual y de la vida eterna por medio de tu siervo.
4 Ante todo te damos gracias porque eres poderoso. A ti la gloria por los siglos.
5 Acuérdate, Señor, de tu iglesia, para librarla de todo mal y hacerla perfecta en tu amor, y congrégala desde los cuatro vientos, santificada, en tu reino que le has preparado. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
6 Venga la gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. El que sea santo, que se acerque. El que no lo es, que se arrepienta. Maranatha. Amén.
7 A los profetas, déjenlos dar gracias cuanto quieran.
11.  Fidelidad a la doctrina
Quienquiera, pues, que venga a ustedes y les enseñe todas las cosas que se han dicho antes, recíbanlo.
2 Pero si el mismo maestro, extraviado, les enseña otra doctrina para que ustedes se dividan, no le presten oído; si, en cambio, les enseña para que ustedes aumenten la justicia y el conocimiento del Señor, recíbanlo como al mismo Señor.
El apóstol itinerante
3 Con los apóstoles y profetas, obren de la siguiente manera, de acuerdo con la enseñanza evangélica:
4 todo apóstol que venga a ustedes, recíbanlo como al Señor.
5 No se detendrá sino un solo día, y, si fuere necesario, otro más. Si se queda tres días, es un falso profeta.
6 Cuando el apóstol se vaya no tome nada consigo, si no es pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero, es un falso profeta.
Apóstoles y profetas. No juzgar al profeta
7 No pongáis a prueba ni a examen ningún profeta que habla en espíritu. Porque todo pecado será perdonado, pero este pecado no será perdonado.
8 Aun así, no todo el que habla en espíritu es profeta, sino el que tiene el modo de vida del Señor. En efecto, por el modo de vida se distinguirá el verdadero profeta del falso.
Otros signos de discernimiento
9 Todo profeta que ordene poner la mesa en espíritu, no come de ella; en caso contrario, es un falso profeta.
10 Todo profeta que predica la verdad, si no cumple lo que enseña es un falso profeta.
11 Todo profeta probado como verdadero, que trabaja en el misterio de la iglesia en el mundo, si no enseña a hacer lo que él hace, no lo juzguen, pues su juicio está en Dios. Así lo hicieron también los antiguos profetas.
12 Pero al que dice en espíritu: Dame dinero, o cualquier otra cosa, no le presten oído. En cambio, si dice que se dé a los necesitados, nadie lo juzgue.
12.  Peregrinos y vagos
A todo el que viniere en nombre del Señor, recíbanle. Luego, con el discernimiento que tienen, examínenlo para conocerlo por su derecha y por su izquierda.
2 Al que pasa de camino ayúdenlo en lo que puedan: pero no se quedará con ustedes sino dos o tres días, si fuere necesario.
3 Si quiere quedarse entre ustedes, teniendo un oficio, que trabaje para su sustento.
4 Si no tiene oficio, provean según la prudencia, de modo que no viva entre ustedes cristiano alguno ocioso.
5 Si no quiere aceptar esto, se trata de un traficante de Cristo: tengan cuidado con tales personas.
13.  Sustento de profetas y maestros
Todo auténtico profeta que quiera residir entre ustedes es digno de su sustento.
2 Igualmente, todo auténtico maestro merece también, como trabajador, su sustento.
3 Por tanto, tomarán siempre las primicias de los frutos del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, y las darán como primicias a los profetas, pues ellos son sus sumos sacerdotes.
4 Si no tienen profeta, dénselas a los pobres.
5 Si haces pan, toma las primicias y dalas conforme al mandato.
6 Si abres una jarra de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas.
7 De tu dinero, de tu vestido y de todas tus posesiones, toma las primicias, según te pareciere, y dalas conforme al mandato.
14. La celebración del día del Señor
En el día del Señor reúnanse y partan el pan, y den gracias, después de haber confesado sus pecados, a fin de que su sacrificio sea puro.
2 Todo el que tenga disensión con su compañero, no se junte con ustedes hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea profanado su sacrificio.
3 Este es el sacrificio del que dijo el Señor: «En todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones».
15.  Elección de obispos y diáconos
Elijan obispos y diáconos dignos del Señor, que sean hombres humildes, no amantes del dinero, veraces y bien probados, porque también ellos los sirven a ustedes como profetas y maestros.
2 No los menosprecien, puesto que tienen entre ustedes el mismo honor que los profetas y maestros.
Corrección fraternal
3 Amonéstense unos a otros, según los preceptos del Evangelio, en paz y no con ira. Que nadie hable al que pecare contra su prójimo, y no se le tenga ninguna consideración entre ustedes, hasta que se arrepienta.
El evangelio, norma de vida
4 Las oraciones que hagan, las limosnas que den y todo cuanto hagan, háganlo según los preceptos dados en el Evangelio de nuestro Señor.
16. Fin de los tiempos
Velen por su vida. No se apaguen sus lámparas, y no dejen de estar ceñidos sus lomos, sino estén preparados, pues no saben la hora en que vendrá nuestro Señor.
2 Reúnanse con frecuencia, buscando el bien de sus almas, pues de nada servirá todo el tiempo en que han creído, si no consuman su perfección en el último día.
3 En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio.
4 En efecto, al crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre sí, y se perseguirán y se traicionarán: entonces aparecerá el seductor del mundo, como hijo de Dios, y hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá iniquidades como no se han cometido desde siglos.
5 Entonces, la humanidad será sometida a prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que fue maldecido.
6 Entonces aparecerán las señales auténticas: en primer lugar el signo de la abertura del cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar, la resurrección de los muertos,
7 no de todos los hombres, sino, como está dicho: «Vendrá el Señor y todos los santos con él». Entonces el mundo verá al Señor viniendo sobre las nubes del cielo.

4 de marzo de 2014

Dios castiga a los malos

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 ¿cómo puedo odiar a aquel a quien siempre he servido, a mi Maestro, mi Salvador, de quien espero mi felicidad, al que castiga a los malos y es el vengador de los justos?"

 ...y te olvidas del juicio venidero y del fuego eterno, en el que arderán para siempre los impíos.
(Acta del martirio de San Policarpo, Obispo de Esmirna)




Según San Ireneo, San Policarpo había sido discípulo de San Juan, y hecho obispo de Esmirna por los Apóstoles. El año 156 Policarpo murió mártir y el relato de su martirio fue escrito. También se conserva una carta de San Policarpo a los Filipenses.

Del Acta del martirio de Policarpo, he sacado algunas frases que me ha llamado la atención

Estoy dispuesto a todo; por las humillaciones se consigue la gloria".


En el siguiente párrafo comprobamos que es lo que molestaba tanto a los malos de su tiempo, a los no conversos. Policarpo era considerado doctor de Asia y padre de los cristianos, y el predicar el Evangelio había tocado el orgullo y la soberbia de los malvados.

Todo el pueblo gentil de Esmirna, y con él los judíos, exclamaron: "Este es el doctor de Asia, el padre de los cristianos, el que ha destruido nuestros ídolos y ha violado nuestros templos, el que prohibía sacrificar y adorar a los dioses; al fin ha encontrado lo que con tantos deseos decía que anhelaba"


Esta fórmula de bendición me gusta. En ella se revela quien es Jesucristo, el Salvador de las almas, el dueño de nuestros cuerpos y el pastor de la Iglesia católica. También habla del que se encarga de revelarnos todas las cosas, la tercera persona de la Santísima Trinidad.

Unámonos a los n y a todos los justos y bendigamos únicamente a Dios Padre Todopoderoso; bendigamos a Jesucristo nuestro Señor, salvador de nuestras almas, dueño de nuestros cuerpos y pastor de la Iglesia universal; bendigamos también al Espíritu Santo por quien todas las cosas nos son reveladas.

1 de febrero de 2013

CARTA A DIOGNETO - texto cristiano del siglo II

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Este es un texto escrito en el siglo II. De autor desconocido, y dirigido a un tal Diogneto para explicarle como es la vida de los cristianos de entonces, entre otras cosas. Llevo varios días acordándome de este texto que tanto bien me hizo en un momento de mi vida. El único manuscrito que existía fue destruido el siglo pasado en una guerra. Esta traducción procede de dicho manuscrito.

Una vez que te hayas purificado de todos los prejuicios que dominan tu mente y te hayas liberado de tus hábitos mentales que te engañan, haciéndote como un hombre radicalmente nuevo puedes comenzar a ser oyente de ésta que tú mismo confiesas ser una doctrina nueva. Mira, no sólo con tus ojos, sino también con tu inteligencia cuál es la realidad y aun la apariencia de ésos que vosotros creéis y decís ser dioses. Uno es una piedra como las que pisamos; otro es un pedazo de bronce, no mejor que el que se emplea en los cacharros de nuestro uso ordinario; otro es de madera, que a lo mejor está ya podrida; otro es de plata, y necesita de un guardia para que no lo roben; otro es de hierro y el orín lo corrompe; otro es de arcilla, en nada mejor que la que se emplea para los utensilios más viles. ¿No están todos ellos hechos de materia corruptible?... ¿No fue el escultor el que los hizo, o el herrero, o el platero o el alfarero?... No son todos ellos cosas sordas, ciegas, inanimadas, insensibles, inmóviles? ¿No se pudren todas? ¿No se destruyen todas? Esto es lo que vosotros llamáis dioses, y a ellos os esclavizáis, a ellos adoráis, para acabar siendo como ellos. ¿Por eso aborrecéis a los cristianos, porque no creen que eso sean dioses?... 1
¿Por qué los cristianos no practican la misma religión que los judíos? Los judíos, en cuanto se abstienen de la idolatría y adoran a un solo Dios de todas las cosas al que tienen por Dueño soberano, piensan rectamente. Pero se equivocan al querer tributarle un culto semejante al culto idolátrico del qué hemos hablado. Porque los griegos muestran ser insensatos al presentar sus ofrendas a objetos insensibles y sordos; pero éstos hacen lo mismo, como si Dios tuviera necesidad de ellas, lo cual más parece propio de locura que de verdadero culto religioso. Porque el que hizo «el cielo y la tierra y todo lo que en ellos se contiene» (Sal 145, 6) y que nos dispensa todo lo que nosotros necesitamos, no tiene necesidad absolutamente de nada, y es él quien proporciona las cosas a los que se imaginan dárselas... No es necesario que yo te haya de informar acerca de sus escrúpulos con respecto a los alimentos, su superstición en lo referente al sábado, su gloriarse en la circuncisión y su simulación en materia de ayunos y novilunios: todo eso son cosas ridículas e indignas de consideración. ¿Cómo no hemos de tener por impío el que de las cosas que Dios ha creado para los hombres se tomen algunas como bien creadas, mientras que se rechazan otras como inútiles y superfluas? ¿Cómo no es cosa irreligiosa calumniar a Dios, atribuyéndole que él nos prohibe que hagamos cosa buena alguna en sábado? ¿No es digno de irrisión el gloriarse en la mutilación de la carne como signo de elección, como si con esto ya hubieran de ser particularmente amados de Dios?... Con esto pienso que habrás visto suficientemente cuánta razón tienen los cristianos para apartarse de la general inanidad y error y de las muchas observaciones y el orgullo de los judíos 2.
En cuanto al misterio de la religión propia de los cristianos, no esperes que lo podrás comprender de hombre alguno. Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario. Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña.
Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadania es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (/2Co/06/10). Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1 Cor 4, 22). Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el bien, y son castigados como malvados. Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos les declaran guerra como a extranjeros y los griegos les persiguen, pero los mismos que les odian no pueden decir los motivos de su odio.
Para decirlo con brevedad, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo, y los cristianos lo están por todas las ciudades del mundo. El alma habita ciertamente en el cuerpo, pero no es es del cuerpo, y los cristianos habitan también en el mundo, pero no son del mundo. El alma invisible está en la prisión del cuerpo visible, y los cristianos son conocidos como hombres que viven en el mundo, pero su religión permanece invisible. La carne aborrece y hace la guerra al alma, aun cuando ningún mal ha recibido de ella, sólo porque le impide entregarse a los placeres; y el mundo aborrece a los cristianos sin haber recibido mal alguno de ellos, sólo porque renuncian a los placeres. El alma ama a la carne y a los miembros que la odian, y los cristianos aman también a los que les odian. El alma está aprisionada en el cuerpo, pero es la que mantiene la cohesión del cuerpo; y los cristianos están detenidos en el mundo como en un prisión, pero son los que mantienen la cohesión del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal, y los cristianos tienen su alojamiento en lo corruptible mientras esperan la inmortalidad en los cielos. El alma se mejora con los malos tratos en comidas y bebidas, y los cristianos, castigados de muerte todos los días, no hacen sino aumentar: tal es la responsabilidad que Dios les ha señalado, de la que no sería licito para ellos desertar.
Porque, lo que ellos tienen por tradición no es invención humana: si se tratara de una teoría de mortales, no valdría la pena una observancia tan exacta. No es la administración de misterios humanos lo que se les ha confiado. Por el contrario, el que es verdaderamente omnipotente, creador de todas las cosas y Dios invisible, él mismo hizo venir de los cielos su Verdad y su Palabra santa e incomprensible, haciéndola morar entre los hombres y estableciéndola sólidamente en sus corazones. No envió a los hombres, como tal vez alguno pudiera imaginar, a un servidor suyo, algún ángel o potestad de las que administran las cosas terrenas o alguno de los que tienen encomendada la administración de los cielos, sino al mismo artífice y creador del universo, el que hizo los cielos, aquel por quien encerró el mar en sus propios limites, aquel cuyo misterio guardan fielmente todos los elementos, de quien el sol recibió la medida que ha de guardar en su diaria carrera, a quien obedece la luna cuando le manda brillar en la noche, a quien obedecen las estrellas que son el séquito de la luna en su carrera; aquel por quien todo fue ordenado, delimitado y sometido: los cielos y lo que en ellos se contiene, la tierra y cuanto en la tierra existe, el mar y lo que en el mar se encierra, el fuego. el aire, el abismo, lo que está en lo alto, lo que está en lo profundo y lo que está en medio. A éste envió Dios a los hombres. Ahora bien, ¿lo envió, como alguno de los hombres podría pensar, para ejercer una tirania y para infundir terror y espanto? Ciertamente no, sino que lo envió con bondad y mansedumbre, como un rey que envia a su hijo rey, como hombre lo envió a los hombres, como salvador, para persuadir, no para violentar, ya que no se da en Dios la violencia. Lo envió para invitar, no para perseguir; para amar, no para juzgar. Ya llegará el día en que lo envíe para juzgar, y entonces ¿quién será capaz de soportar su presencia?... 3.
65 Dios, Señor y Creador del universo, que hizo todas las cosas y las distinguió según su orden, no sólo se mostró amador de los hombres, sino también magnánimo con ellos. En realidad siempre fue tal, y lo sigue siendo, y lo será: benévolo, bueno, sin ira y veraz: sólo él es bueno. Y habiendo concebido un designio grande e inefable, lo comunicó sólo con su Hijo. Pues bien, mientras su voluntad llena de sabiduría se mantenía en secreto y se guardaba, parecía que no se cuidaba ni se preocupaba de nosotros. Pero después que lo reveló por medio de su Hijo amado y manifestó lo que tenía preparado desde el principio, nos lo dio todo de una vez, a saber, no sólo tener parte en sus beneficios, sino ver y comprender lo que ninguno de nosotros hubiera jamás esperado.
Así pues, teniéndolo todo preparado en sí mismo y con su Hijo, hasta el tiempo próximo pasado nos permitió que nos dejáramos llevar a nuestro antojo por nuestros desordenados impulsos, arrastrados por los placeres y concupiscencias. No es que tuviera en manera alguna complacencia en nuestros pecados, pero los toleraba. Ni tampoco aprobaba entonces aquel tiempo de iniquidad, sino que iba preparando el tiempo actual de justicia, para que, habiendo quedado en aquel tiempo convictos par nuestras propias obras de que éramos indignos de la vida, ahora fuéramos hechos dignos de ella por la bondad de Dios; y habiendo quedado bien patente que nosotros por nosotros mismos no podíamos entrar en el reino de Dios, se nos conceda ahora la capacidad de entrar por el poder del mismo Dios. Cuando nuestra iniquidad llegó a su colmo y se puso plenamente de manifiesto que la paga que podíamos esperar era el castigo y la muerte, llegó aquel momento que Dios había dispuesto de antemano a partir del cual tenía que mostrarse su bondad y su poder. ¡Oh maravillosa benignidad y amor de Dios para con los hombres! No nos aborreció, no nos arrojó de sí, no nos guardó rencor, sino que se mostró magnánimo, nos soportó, y compadecido de nosotros cargó sobre sí nuestros pecados. ÉI mismo «entregó a su propio Hijo» (Rm 8, 32) como rescate por nosotros: al santo por los pecadores, al inocente por los malvados, «al justo por los injustos» (1 Pe 3, 18), al incorruptible por los corruptibles, al inmortal por los mortales. Porque, ¿qué otra cosa podía cubrir nuestros pecados, fuera de su justicia? ¿En quién podíamos nosotros, malvados e impíos, ser justificados, sino sólo en el Hijo de Dios? ¡Oh dulce trueque! ¡Oh obra insondable! ¡Oh beneficios inesperados! La iniquidad de muchos quedó sepultada en un solo justo, y la justicia de uno bastó para justificar a muchos malvados.
De esta suerte, habiéndonos convencido Dios en el tiempo pasado de que por nuestra propia naturaleza no éramos capaces de alcanzar la vida, y habiendo mostrado ahora al salvador que es capaz de salvar lo imposible, quiso que a partir de estas dos cosas creyéramos en su bondad y le tuviéramos como sustentador nuestro, padre, maestro, consejero, médico, inteligencia, luz, honor, gloria, fuerza, vida, sin que anduviéramos preocupados de nuestro vestido o comida.
Si deseas llegar a alcanzar también tú esta fe, procura primero alcanzar el conocimiento del Padre. Porque Dios amó a los hambres, por los cuales hizo el mundo, a quienes sometió todas las cosas de la tierra, a quienes dio la razón y la inteligencia, los únicos a quienes concedió mirar hacia arriba para que pudieran verle, a quienes modeló a su propia imagen, a quienes envió a su Hijo unigénito (1 Jn 4, 9), a quienes prometió el reino de los cielos, que dará a los que le hubieren amado. No tienes idea de la alegría que te llenará cuando llegues a alcanzar este conocimiento, o del amor que puedes llegar a sentir para con aquel que primero te amó hasta tal extremo. Y cuando llegues a amarle, te convertirás en imitador de su bondad. No te maravilles de que el hombre pueda llegar a ser imitador de Dios: lo puede, si lo quiere Dios. Porque la felicidad no está en dominar tiránicamente al prójimo, ni en querer estar siempre por encima de los más débiles, ni en la riqueza, ni en la violencia para con los más necesitados: en esto no puede nadie imitar a Dios, porque todo esto es ajeno de su grandeza. Más bien el que toma sobre sí la carga de su prójimo, el que en aquello en que es superior está dispuesto a hacer el bien a su inferior, el que suministra a los necesitados lo que él mismo recibió de Dios, éste se convierte en Dios de los que reciben de su mano, éste es imitador de Dios.
Entonces, aunque morando en la tierra, podrás contemplar cómo Dios es el Señor de los cielos; entonces empezarás a hablar los misterios de Dios; entonces amarás y admirarás a los que reciben castigo de muerte por no querer negar a Dios; entonces condenarás el engaño y el extravio del mundo, cuando conocerás la verdadera vida del cielo, cuando llegarás a despreciar la que aquí se tiene por muerte, cuando temerás la muerte verdadera, que está reservada para los condenados al fuego eterno que ha de castigar hasta el fin a los que a él sean arrojados. Entonces, cuando hayas llegado a tener conocimiento de aquel fuego, admirarás a los que por causa de la justicia soportan este fuego temporal, y los tendrás por bienaventurados 4.