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4 de julio de 2007

El óbolo de San Pedro

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El Óbolo de San Pedro recogió en el último año más de 100 millones de dólares

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 3 julio 2007 (ZENIT.org).- En el año 2006, el Óbolo de San Pedro, las ofertas de los fieles de todo el mundo a favor de las obras de caridad del Papa, recogió más de cien millones de dólares estadounidenses, casi 75 millones de euros.

Lo revela un comunicado difundido por el Consejo de los Cardenales para el Estudio de los Problemas Organizativos y Económicos de la Santa Sede, que se reunió en el Vaticano este lunes.

En el encuentro, explica la nota, se presentó «la evolución del Óbolo de San Pedro, constituido por el conjunto de ofertas de las Iglesias particulares, recogidas con motivo de la solemnidad de los santos Pedro y Pablo; los institutos de vida consagrada, las fundaciones, y los fieles individualmente».

«En el año 2006, en su conjunto, han sido 101.900.192,71 dólares estadounidenses (unos 74.857.979 euros), que el Sumo Pontífice ha destinado a las exigencias su ministerio al servicio de la Iglesia universal», revela el comunicado.

El aumento de este último año ha sido notable. En el año 2005, el Óbolo de San Pedro había recibido donaciones por un total de 59.441.654,64 dólares.

Monseñor Tullio Poli, director de la Oficina del Óbolo de San Pedro de la Santa Sede, ha explicado en una nota enviada a Zenit que «entre las muchas obras apoyadas por el Óbolo en el año 2006, podemos recordar las ayudas de víctima de guerras y catástrofes naturales, refugiados y emigrantes; así como a muchachos que se han quedado huérfanos por el genocidio, la guerra o por el sida en África, centros sanitarios en los Balcanes y el Cáucaso».

Entre las obras realizadas gracias al Óbolo, se encuentran la Ciudad de los Muchachos «Nazareth» en Mbare (Ruanda), el hospital San Vicente de Paúl en Sarajevo, la aldea para huérfanos del sida en Kenia, el hospital «Redemptoris Mater» en Armenia, las actividades de la Fundación «Populorum progressio» para los campesinos y los indígenas de Latinoamérica y de la Fundación Juan Pablo II para el Sahel.

Puede recibir más información sobre el Óbolo de San Pedro escribiendo a obolo.sp@segstat.va

2 de julio de 2007

El Vaticano no es un monumento

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El Vaticano no es un monumento, es el testimonio del martirio de Pedro

Aclara el portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 1 julio 2007 (ZENIT.org).- El Vaticano no es un monumento, es el testimonio del martirio de san Pedro, explica el portavoz de la Santa Sede.

El padre Federico Lombardi S.I. explica el sentido de la fiesta de los santos Pedro y Pablo (29 de junio) que acaba de celebrar la Iglesia en el último editorial de «Octava Dies», semanario producido por el Centro Televisivo Vaticano del que es director, transmitido por canales de televisión de todo el mundo.

«El Vaticano no es un conjunto de monumentos, por más preciosos que sean, ni una sede de instituciones, por más prestigiosas e influyentes que sean», aclara.

«Es ante todo el lugar histórico y espiritual del martirio y de la tumba de Pedro: donde testimonió con su sangre esa fe sobre la que se sigue basando la nuestra, uniéndose a través del tiempo con una cadena ininterrumpida de testimonios de fe».

Al Vaticano hay que venir, ilustra el sacerdote, para volver a pronunciar «con Pedro y con su sucesor la profesión de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”».

«Sobre este fundamento, la Iglesia se mantiene unida --añade el padre Lombardi--. Por este motivo, cada año, los nuevos arzobispos, responsables de las diferentes provincias de la Iglesia católica, vienen a pronunciar en este día su juramento de fidelidad al sucesor de Pedro y a recibir de sus manos el signo del palio, que llevarán sobre los hombros para manifestar su unión con él, aunque estén lejos».

«Por este motivo, todos los años, los representantes del patriarcado ecuménico ortodoxo de Constantinopla vienen a Roma para participar en la celebraciones, sabiendo que en ningún lugar como en éste hay que rezar para mantener la unión y pedir a Dios que la haga cada vez más plena. Occidente y Oriente creen y esperan juntos», recuerda el portavoz.

«Pero uno no sólo viene a Roma: desde Roma hay partir. Pablo vino a morir a Roma, el centro del mundo, para que el Evangelio se difundiera hacia todos los confines de la tierra. El Papa ha convocado un “año paulino” [junio 2008-junio 2009] dos mil años después del nacimiento del apóstol», añade.

«La Iglesia vive para la misión, para anunciar a ese Cristo en el que cree, para dar a conocer el amor de Dios por todo el mundo. Sólo por esto. Es lo más importante de todo», concluye.


ENLACE RECOMENDADO: http://www.enlacecatolico.com/vaticano.htm

La profesión de fe de Pedro, fundamento para la unidad de los cristianos

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La profesión de fe de Pedro, fundamento para la unidad de los cristianos; explica el Papa

En la solemnidad de los santos Pedro y Pablo

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 1 julio 2007 (ZENIT.org).- La profesión de fe que pronunció el apóstol Pedro al proclamar que Jesús es el Hijo de Dios, dos mil años después sigue siendo garantía para la unidad entre los cristianos, considera Benedicto XVI.

Así lo explicó este viernes, en la concelebración eucarística que presidió en la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, patronos de la diócesis de Roma.

En la basílica vaticana estaba presente una delegación del patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, compuesta por Su Eminencia Emmanuel (Adamakis), arzobispo greco-ortodoxo de Francia, de su Eminencia Gennadios (Limouris), co-presidente de la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, y el diácono Andreas (Sofianopoulos), tercer diácono de la sede de ese patriarcado.

El Papa centró la homilía en el diálogo entre Jesús y los apóstoles, cuando les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo». Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo».

«En la profesión de fe de Pedro», indicó el Papa, «podemos sentirnos y ser todos una sola cosa, a pesar de las divisiones que con el paso de los siglos han lacerado la unidad de la Iglesia con consecuencias que todavía perduran».

En su homilía el Papa agradeció particularmente la presencia de la delegación ortodoxa que con este gesto intercambió la visita che el Papa hizo el pasado 30 de noviembre a su sede en Estambul (Turquía).

Al mismo tiempo, garantizó su «compromiso para acoger hasta el final el deseo de Cristo, que quiere que estemos completamente unidos».

Después de la misa, antes de rezar el Angelus, el Papa dirigió unas palabras a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro bajo un fuerte sol para recalcar este compromiso.

«Nuestros encuentros, las visitas recíprocas, los diálogos en curso no son simples gestos de cortesía, o intentos de llegar a compromisos, sino el signo de una voluntad común de hacer lo posible para que cuanto antes podamos llegar a la comunión plena implorada por Cristo en su oración al Padre después de la Última Cena: “que sean uno”», afirmó.

En este contexto, aclaró, se enmarca la decisión de proclamar el año de san Pablo (junio de 2008-junio de 2009), apóstol considerado por todas las iglesias cristianas como uno de los mayores misioneros de la historia.

El Papa recibió después en el palacio apostólico a la delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla y les invitó a almorzar.