No es posible ser discípulo de Cristo sin evangelizar, aclara el Papa
En diálogo y con pleno respeto por los demás
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 20 diciembre 2007 (ZENIT.org).- No es posible ser discípulo de Jesucristo sin ser «misionero, mensajero del Evangelio», aclara Benedicto XVI.
Así lo explicó en el discurso que dirigió a sus colaboradores...
En su amplio análisis el pontífice recalcó la importancia del testimonio de la evangelización, subrayando al mismo tiempo la necesidad del diálogo y del pleno respeto de las creencias de los demás.
«Es indiscutible que todos tenemos que convivir y cooperar en la tolerancia y en el respeto recíprocos», aclaró, y la Iglesia católica «se compromete en esto con gran energía».....
«El reconocimiento compartido de la existencia de un único Dios, Creador y Juez universal del comportamiento de cada uno, constituye el requisito para una acción común en defensa del efectivo respeto de la dignidad de todas las personas para construir una sociedad más justa y solidaria», observó.
El Santo Padre se preguntó, por tanto, si esta voluntad de diálogo y de colaboración significa que «ya no podemos transmitir el mensaje de Jesucristo, si ya no podemos proponer a los hombres y al mundo esta llamada y la esperanza que deriva de ella».
«¿Es todavía lícito evangelizar hoy? ¿No deberían más bien todas las religiones y concepciones del mundo convivir pacíficamente y tratar de hacer juntas lo mejor por la humanidad, cada una a su manera?», preguntó.
El obispo de Roma respondió indicando que «quien ha reconocido una gran verdad, quien ha encontrado una gran alegría, debe transmitirla, no puede guardársela».
Dones tan grande, de hecho, «nunca son destinados a una sola persona».
En Jesucristo «ha surgido para nosotros una gran luz» y «no podemos ponerla bajo el celemín, sino que tenemos que elevarla sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en casa».
«Para llegar a su cumplimiento, la historia tiene necesidad del anuncio de la Buena Nueva a todos los pueblos, a todos los hombres».
La evangelización, por tanto, se plantea como un elemento fundamental también hoy, dijo, explicando los motivos de la publicación de la reciente «Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización» de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Mi blog de cosas interesantes para aportar a un mundo que camina por direcciones equivocadas.
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17 de diciembre de 2007
Cómo se construye el templo vivo de la Iglesia, explica el Papa
Es Jesús quien «nos reúne en la gran comunidad de la Iglesia» de todo tiempo y lugar; por eso, en la «iglesia edificio» y en la «Iglesia comunidad» todo habla de Él, explica Benedicto XVI.
«La comunidad viva es más sagrada que el templo material que consagramos», explicó el Santo Padre en la homilía de la Eucaristía que presidió.
«Y para construir este templo vivo, espiritual --que sois vosotros--, se necesita mucha oración, se necesita valorar toda oportunidad que ofrece la liturgia, la catequesis y las múltiples actividades pastorales, caritativas, misioneras y culturales...
«Que la atención que mostramos por el edificio material --con la aspersión del agua bendita, ungiéndolo con óleo, incensándolo-- sea señal y estímulo para una atención más intensa en la defensa y promoción del templo de las personas, formado por vosotros...
El Santo Padre se remitió a la página del Evangelio en la que Pedro, en nombre de los discípulos, declara que Jesús es el Mesías de Dios, el Cristo, el Hijo del Dios vivo. «Y el Señor le dice solemnemente: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»; «Pedro se convierte en la piedra, asociado por su fe en Jesús», subrayó.
Y «vemos que es Jesucristo la única e indefectible roca sobre la que se apoya nuestra fe, sobre la que se construye esta parroquia --añadió--. Y encontramos a Jesús en la escucha de las Sagradas Escrituras; está presente y se hace alimento nuestro en la Eucaristía, vive en la comunidad parroquial».
Así que todo, «en la iglesia edificio y en la Iglesia comunidad, habla de Jesús; todo es relativo a Él, todo hace referencia a Él», recalcó Benedicto XVI; «y el Señor nos reúne en la gran comunidad de la Iglesia de todos los tiempos y lugares, enlazada en comunión con el sucesor de Pedro como roca de la unidad».
En este contexto, «la acción de los obispos y de los presbíteros, el compromiso apostólico y misionero de todo fiel es proclamar y testimoniar con la palabra y con la vida que Él, el Hijo de Dios hecho hombre, es nuestro único Salvador», apuntó.
«La comunidad viva es más sagrada que el templo material que consagramos», explicó el Santo Padre en la homilía de la Eucaristía que presidió.
«Y para construir este templo vivo, espiritual --que sois vosotros--, se necesita mucha oración, se necesita valorar toda oportunidad que ofrece la liturgia, la catequesis y las múltiples actividades pastorales, caritativas, misioneras y culturales...
«Que la atención que mostramos por el edificio material --con la aspersión del agua bendita, ungiéndolo con óleo, incensándolo-- sea señal y estímulo para una atención más intensa en la defensa y promoción del templo de las personas, formado por vosotros...
El Santo Padre se remitió a la página del Evangelio en la que Pedro, en nombre de los discípulos, declara que Jesús es el Mesías de Dios, el Cristo, el Hijo del Dios vivo. «Y el Señor le dice solemnemente: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»; «Pedro se convierte en la piedra, asociado por su fe en Jesús», subrayó.
Y «vemos que es Jesucristo la única e indefectible roca sobre la que se apoya nuestra fe, sobre la que se construye esta parroquia --añadió--. Y encontramos a Jesús en la escucha de las Sagradas Escrituras; está presente y se hace alimento nuestro en la Eucaristía, vive en la comunidad parroquial».
Así que todo, «en la iglesia edificio y en la Iglesia comunidad, habla de Jesús; todo es relativo a Él, todo hace referencia a Él», recalcó Benedicto XVI; «y el Señor nos reúne en la gran comunidad de la Iglesia de todos los tiempos y lugares, enlazada en comunión con el sucesor de Pedro como roca de la unidad».
En este contexto, «la acción de los obispos y de los presbíteros, el compromiso apostólico y misionero de todo fiel es proclamar y testimoniar con la palabra y con la vida que Él, el Hijo de Dios hecho hombre, es nuestro único Salvador», apuntó.
El camino de la verdadera felicidad
En este Adviento el Papa dice a todos los hombres de buena voluntad, que: «Poner una felicidad individual en lugar de Dios, hacer de ella un ídolo, aleja de la verdadera alegría que trae Jesucristo y que celebramos en Navidad»
El misterio de Belén, dijo el Papa, «nos revela a Dios-con-nosotros», a «Dios que por así decirlo ha celebrado una boda con nuestra humanidad», porque «ha tomado nuestra condición humana, eligiendo ser en todo como nosotros menos en el pecado».
Ésta es la certeza de la que nace la alegría cristiana, confirmó: la certeza de que «Dios está conmigo, con nosotros, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, como amigo y esposo fiel».
Es la alegría que permanece en lo más profundo del corazón «que se entrega a Dios y confía en Él»,
Y ante quienes dudan de la existencia de tal alegría, Benedicto XVI recordó el ejemplo de la beata Teresa de Calcuta, quien «vivía en contacto diario con la miseria, con la degradación humana, con la muerte, que conoció la prueba y la noche oscura de la fe», «y sin embargo, dio a todos la sonrisa de Dios».
Y es que la alegría -dijo el Papa-- «entra en el corazón de quien se pone al servicio de los pequeños y de los pobres». Si uno ama así, Dios vive en su corazón, subrayó.
«Si en cambio se hace de la felicidad un ídolo», «difícilmente se puede encontrar la alegría de la que habla Jesús», alertó.
El misterio de Belén, dijo el Papa, «nos revela a Dios-con-nosotros», a «Dios que por así decirlo ha celebrado una boda con nuestra humanidad», porque «ha tomado nuestra condición humana, eligiendo ser en todo como nosotros menos en el pecado».
Ésta es la certeza de la que nace la alegría cristiana, confirmó: la certeza de que «Dios está conmigo, con nosotros, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, como amigo y esposo fiel».
Es la alegría que permanece en lo más profundo del corazón «que se entrega a Dios y confía en Él»,
Y ante quienes dudan de la existencia de tal alegría, Benedicto XVI recordó el ejemplo de la beata Teresa de Calcuta, quien «vivía en contacto diario con la miseria, con la degradación humana, con la muerte, que conoció la prueba y la noche oscura de la fe», «y sin embargo, dio a todos la sonrisa de Dios».
Y es que la alegría -dijo el Papa-- «entra en el corazón de quien se pone al servicio de los pequeños y de los pobres». Si uno ama así, Dios vive en su corazón, subrayó.
«Si en cambio se hace de la felicidad un ídolo», «difícilmente se puede encontrar la alegría de la que habla Jesús», alertó.
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