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20 de junio de 2013

LA CONFESIÓN EN MI VIDA (3ª parte)

Crecer sin tener a Jesucristo en tu vida es un problema que muchos no ven. Cuando dejas de ser un niño, la vida comienza a ponerte a prueba. Estás en el mundo, y en el mundo hay pecado. El mundo les dice a los jóvenes que beban alcohol para divertirse, y muchos jóvenes se emborrachan cada oportunidad. Fumar mata, eso ya hasta lo dicen los paquetes de tabaco, pero da igual para muchos. Están ciegos, porque el pecado ciega.
El mundo les enseña a los jóvenes a pervertirse sexualmente, la televisión les ayuda, la mala educación cada vez peor en las escuelas les ayuda a ir a la contra de Dios. Después de que el tema sexual lo hacen al revés de como debería ser, y lo convierten en una práctica pervertida que llaman amor cuando no lo es, se burlan de la virginidad y se burlan de las relaciones de unos novios que se respetan hasta el día en que se casen, porque el mundo enseña que eso de casarse no se lleva, sino que ahora mola más el no comprometerte, el no ser fiel. Si te quedas embarazada, el mundo te enseña que mates a la criatura, que abortes que no pasa nada. Los gobiernos, aliados con Satanás, legislan para hundir más y más al ser humano en el fango del infierno.
El mundo te enseña que robar está al alcance, y que coger lo que no es tuyo es una opción válida. La mentira es nada para aquella persona que sigue la guía del mundo. La verdad es relativa, y queda pervertida también. Que cada cual crea lo que quiera creer. Ese es el mundo. Y ahí está el pecado. La violencia, la soberbia, la lujuria, la idolatría, las drogas, las blasfemias, las palabras soeces, las discusiones, las envidias, los celos, los orgullos, los malos modos, las difamaciones, y cosas semejantes a estas.
Pero Jesucristo es Dios hecho hombre que ha venido al mundo para salvarte, pero tienes que querer salvarte. Escucharle, pero tienes que escucharle. Os aseguro que si el mundo pusiera en práctica lo que enseña Jesús y la Palabra de Dios, llegaría la salvación, y la vida de verdad. Pero este mundo, no es vivir. Este mundo huele a muerte por causa del pecado, y sólo la luz de los hijos de Dios alumbra a los hombres malos y perversos. Sólo la luz de Cristo puede alumbrarte para que te salves y vivas.
Cuando eres adolescente, estás preocupado de muchas cosas. Te inquieta el futuro. Piensas en el. Te intentas divertir, vas con unos o con otros, participas de pecados ajenos. Yo no encontraba demasiado sentido a mi vida en mi adolescencia, y simplemente me dejaba llevar. Pero como has dejado la Iglesia, has dejado la oración, has dejado de rezar, excepto para gritar al cielo que te saque de un problema, has dejado que el mundo te atrape, y has rechazado a Dios para cambiarlo por un dios a tu manera, un dios que te consienta todo y que no te pida cuentas de nada, al final acabas creyéndote hasta bueno, pero esa es la mentira. Esa es la hipnosis a la que te quiere llevar el diablo. A que dejes de pensar en esas cosas, y te concentres en "disfrutar de la vida", y poco más. Que te centres en el dinero, que te centres en conseguir esto o aquello, que te centres en ascender para hacerte cada vez más grande, y cosas así.

¿Y donde queda en este punto de tu vida, el confesar tus pecados? ¿Que pecados?. "Pero si yo no tengo pecados, yo no soy malo, yo soy bueno..." "Eso de los pecados y de confesarse son inventos de los curas" ¡Bah!

Ahí has quedado atrapado. El diablo ha conseguido convencerte, y poco a poco has ido dejando de creer en Jesucristo, o tal vez nunca conociste bien a Jesucristo, o las dos cosas. Pero como no crees casi en Dios, menos crees en el diablo, eso si que te parece un invento para asustar. Y si afirmas que si crees, entonces te comienzas a construir una religión a tu manera. La religión en la que no se necesita a la Iglesia, no se necesita la Palabra de Dios, no se necesitan los sacramentos, no se necesitan los sacerdotes, ni los obispos, ni el Papa. Es más, se comienza a criticar todo lo que tiene que ver con esa religión en la que fuiste dejando de creer, si es que alguna vez creíste.

Conforme vas creciendo, te crees que sabes más, y como crees que sabes, comienzas a prestar oído a otros que dicen que saben también mucho. Estos son aquellos que hablan mal de la Iglesia. Que dicen que la Iglesia tiene riquezas, que no ayuda a los pobres, que si tuvo la inquisición, que si las procesiones son un lujo y un derroche, etc, etc.

¿Y dónde queda la confesión en esos años? No está. Ya no crees en que haya confesión de pecados, ya no crees que eso vaya contigo y comienzas a ver a los creyentes como gente rara, "beatos", que no van contigo ni con tu inteligente forma de pensar.

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