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8 de junio de 2013

Si alguien cree conocer algo, aún no lo conoce como se debe conocer. (1 Co 8, 1-3)

Si alguien cree conocer algo, aún no lo conoce como se debe conocer.
(1 Corintios 8, 2) 

Todos sabemos cosas. Todos conocemos de cosas, pero según esta afirmación de San Pablo, el conocimiento de algo no está basado en aquello que a mi me parece. Siempre hay margen para conocer mejor de aquello que creo conocer.

Tiene cierta lógica el creer uno que cuando sabe algo, ya lo sabe bien y todo sobre ese asunto, pero la Palabra de Dios aquí me muestra que las cosas no son así. No es como al hombre le parece, sino como es. ¿Y quién sabrá como son las cosas en toda su profundidad? Llego a la conclusión, que sólo Dios puede llegar a eso.

¿Me impedirá esta limitación el hablar de aquello que creo conocer?

¡Entonces tendríamos que callar todos!

Los hombres de ciencia, investigan, aprenden y conocen cosas, sin embargo su investigación nunca acaba, porque siempre queda algo por conocer. Y ni esto mismo que digo, lo conozco como debiera. Sólo hablo lo que pienso, pero sabiendo que mi pensamiento tiene un límite, pero Dios no tiene ningún límite, porque es todo.

Los políticos que quieren ser honrados, se afanan, pero los problemas se repiten por ciclos. Creen saber, pero no saben como debieran, y el creerse sabio hincha a la persona (1 Co 8,1), se lo cree, y ya no admite que nadie aporte nada a su saber, o que corrija su error. ¿Quién sabe todo? Dios. ¿Entonces, porqué no acudir mejor a Dios que sabe en vez de confiar en hombres que no quieren tener tratos con Dios?

Buena será la prudencia en caso de que yo no conozca un tema. Hablar por hablar nunca será bueno. Hay que pensar en lo que se dice antes de hablar. Si hablo que sea para edificar, como hacía Jesús. 

No jactarse de conocer algo totalmente, porque según Dios, no se conoce todavía como se debiera. Lo importante es luchar y avanzar, tratar de progresar en el conocimiento que sirva para alcanzar el objetivo en cada momento de la vida.

De todos modos, por encima de todo, una cosa es segura, y eso debe tranquilizarme. Lo importante es que Dios me conoce a mi, si yo le amo. (1 Co 8,3)

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