Mi blog de cosas interesantes para aportar a un mundo que camina por direcciones equivocadas.
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19 de abril de 2015
Reflexiones sobre el sacerdote
Tuvo un tiempo de preparación, y después recibió el Sacramento del Orden. Por el Bautismo todos los creyentes ya somos sacerdotes, pero los que reciben el Sacramento del Orden son ministros ordenados, es decir su sacerdocio es un ministerio. Puedes encontrar más información a partir del punto 1133 del Catecismo de la Iglesia Católica.
Ahora bien. Recibir el Sacramento del Orden no evita que el sacerdote como persona pueda cometer errores, e incluso pecar o ser infiel a Cristo. El sacerdote no es superior a otra persona por el hecho de haber recibido el Sacramento del Orden, aunque puede llegar a ser santo, al igual que cualquier cristiano. No es más santo una persona por ser sacerdote que otro cristiano que no lo es. Un sacerdote merece respeto, pero también lo merece el que no lo es. Cristo es semejante a nosotros en todo excepto en el pecado, pero el sacerdote no se diferencia del que no lo es, y puede caer igual. ¿Algunos sacerdotes han caído en el error de creerse superiores a los demás?
Al sacerdote se le respeta más cuando demuestra humildad. Al que no es humilde lo rechazan muchos, y puede ser un lastre a su ministerio.
La cara de vinagre es principalmente delatora en un sacerdote que no está llevando bien su ministerio. El vinagre echa a la gente de la Iglesia. ¡Mucho cuidado!
Yo he conocido a lo largo de mi experiencia de vida, a varios sacerdotes así. He conocido a otros (pocos), que no son así. Al que le noto humildad o esfuerzo por enmendarse no tengo nada que decirle. Al que se sube y se engríe creyendo ser lo que no es, y equivocándose lo reprendo por medio de este escrito, y lo exhorto en el Nombre de Jesucristo a enmendar su vida y entrar en el camino que atrae a las ovejas, no en el que las aleja.
Suele notarse más el error o el pecado del sacerdote por el ministerio que tiene, es normal. No creo que el pueblo tenga una lupa especial para mirar al sacerdote, es simplemente que al estar más expuesto y ser pastor, se le mide con una medida mayor.
No puedes caer bien a todo el mundo, pero el sacerdote debe buscar también imitar en todo a Cristo.
17 de marzo de 2014
Ser sacerdote, un testimonio
Aprovecho para compartir lo recibido por mi amigo el sacerdote Trininatio Angel García:
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7 de octubre de 2013
El sacramento de la confesión es también para los sacerdotes.
4 de abril de 2013
Predicar el Evangelio con unción / Homilía del Papa Francisco en la Misa Crismal (2013)
Basílica Vaticana
Jueves Santo 28 de marzo de 2013
Queridos hermanos y hermanas
Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación.
Las Lecturas, también el Salmo, nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos... Una imagen muy bella de este «ser para» del santo crisma es la del Salmo 133: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (v. 2). La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras.
La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras delefod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos.
De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos ahora a fijarnos en la acción. El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón.
Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema...». «Bendígame, padre», y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en súplica, súplica del Pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. Los mismos discípulos –futuros sacerdotes– todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto.
Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada.
El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unción – se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes, y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja» –esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note–; en vez de ser pastores en medio al propio rebaño, y pescadores de hombres. Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción – y no la función – y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús.
Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios.
Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido.
Amén.
© Copyright 2013 - Libreria Editrice Vaticana
5 de abril de 2012
¿Faltan Sacerdotes?
diocesismalaga.es - 04/04/2012 En su homilía el Sr. Obispo ha manifestado la necesidad urgente que la diócesis de Málaga tiene de nuevos sacerdotes y ha exhortado a los presbíteros a cuidar las vocaciones sacerdotales con la oración, el ejemplo y la realización de actividades que favorezcan en los jóvenes la pregunta por la vocación sacerdotal.
La Eucaristía celebrada esta mañana con la presencia de todo el presbiterio malacitano, recibe el nombre de Misa Crismal y en ella el Sr. Obispo bendice el santo crisma, que se utiliza en ordenaciones, confirmaciones, bautizos y consagraciones de altares e iglesias; el óleo de los catecúmenos, que recibirán los bautizados en el próximo año y el óleo de los enfermos.
- Dar ejemplo a los demás, es FUNDAMENTAL para que los jóvenes católicos puedan oír la llamada interior a servir como Sacerdote. Yo diría que dejáramos de quejarnos de lo mal que está el mundo, y del hedonismo como la causa de la falta de vocaciones, y fijáramos nuestra atención en este punto.
- Segundo punto, que tendría que haber puesto el primero, según el orden del Obispo, es la Oración.
- Y tercero, la REALIZACIÓN DE ACTIVIDADES para los jóvenes que les ATRAIGA a la llamada de Dios a recibir el Sacramento del Orden Sacerdotal.
21 de marzo de 2011
¿Falta de sacerdotes?
19 de febrero de 2011
La importancia de la PALABRA en la celebración de la EUCARISTÍA.
A continuación os recuerdo este magnífico texto:
AL EPISCOPADO, AL CLERO,A LAS PERSONAS CONSAGRADAS, Y A LOS FIELES LAICOS
SOBRE LA EUCARISTÍA
FUENTE Y CULMEN DE LA VIDA
Y DE LA MISIÓN DE LA IGLESIA
Estructura de la celebración eucarística
43. Después de haber recordado los elementos básicos del ars celebrandi puestos de relieve en los trabajos sinodales, quisiera llamar la atención de modo más concreto sobre algunas partes de la estructura de la celebración eucarística que requieren un cuidado especial en nuestro tiempo, para ser fieles a la intención profunda de la renovación litúrgica deseada por el Concilio Vaticano II, en continuidad con toda la gran tradición eclesial.
Unidad intrínseca de la acción litúrgica
44. Ante todo, hay que considerar la unidad intrínseca del rito de la santa Misa. Se ha de evitar que, tanto en la catequesis como en el modo de la celebración, se dé lugar a una visión yuxtapuesta de las dos partes del rito. La liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística —además de los ritos de introducción y conclusión— « están estrechamente unidas entre sí y forman un único acto de culto ».[132] En efecto, la Palabra de Dios y la Eucaristía están intrínsecamente unidas. Escuchando la Palabra de Dios nace o se fortalece la fe (cf. Rm 10,17); en la Eucaristía, el Verbo hecho carne se nos da como alimento espiritual.[133]
Así pues, « la Iglesia recibe y ofrece a los fieles el Pan de vida en las dos mesas de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo ».[134] Por tanto, se ha de tener constantemente presente que la Palabra de Dios, que la Iglesia lee y proclama en la liturgia, lleva a la Eucaristía como a su fin connatural.
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Esto me lleva a plantear las siguiente preguntas:
¿Eres / somos conscientes de la IMPORTANCIA DE LA PALABRA DE DIOS dentro de la Santa Misa?
Sacerdote, ¿Cuidas suficientemente la PREPARACIÓN de la PALABRA en la Misa que celebras?
Pueblo de Dios, que escuchais o leeis la Palabra: ¿Realmente la escuchais? ¿Interesa? ¿O vamos a pasar deprisa por esa parte, para acabar antes?
Y si la escuchas, ¿la meditas? ¿Te recoges? ¿La quieres? ¿La deseas en tu alma?
Y si no la entiendes, ¿la buscas? ¿la escrutas? ¿O pierdes la oportunidad que Dios te da, de conocerle mejor y ser mejor cristiano?
21 de junio de 2009
Benedicto XVI inaugura el Año Sacerdotal
CIUDAD DEL VATICANO, viernes 19 de junio de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI inauguró en la tarde de este viernes el Año Sacerdotal constando la necesidad que tiene la Iglesia de santos sacerdotes.
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Por eso, invitó a los creyentes a pedir "al Señor que inflame el corazón de cada presbítero" de amor por Jesús.
"¿Cómo olvidar que nada hace sufrir más a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en 'ladrones de ovejas', ya sea porque las desvían con sus doctrinas privadas, ya sea porque las atan con los lazos del pecado y de muerte?", se preguntó el Papa.
"También para nosotros queridos sacerdotes se aplica el llamamiento a la conversión y a recurrir a la Misericordia Divina, e igualmente debemos dirigir con humildad incesante la súplica al Corazón de Jesús para que nos preserve del terrible riesgo de dañar a aquellos a quienes debemos salvar", dijo el Papa a los numerosos presbíteros y obispos presentes.
Por eso, afirmó: "Nuestra misión es indispensable para la Iglesia y para el mundo, que exige fidelidad plena a Cristo y una incesante unión con Él; es decir, exige que busquemos constantemente la santidad como hizo san Juan María Vianney".
La homilía completa puede leerse en la sección de Documentos de la página web de ZENIT (www.zenit.org).
16 de abril de 2008
Benedicto XVI: sólo las personas integras serán admitidas al sacerdocio
El Santo Padre ha asegurado que la Iglesia tratará de seleccionar a los candidatos al sacerdocio «de manera que sólo las personas verdaderamente íntegras puedan ser admitidas».
«Es más importante tener buenos sacerdotes que tener muchos sacerdotes», ha subrayado.
«Cuando leo las historias de esas víctimas para mí es difícil comprender cómo ha sido posible que los sacerdotes hayan traicionado de esta manera su misión de dar el amor de Dios a esos niños

